El Cuestionamiento del Sistema

Posted on mayo 6, 2012

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En pleno movimiento Occupy Wall Street pude leer en un foro la opinión de un ciudadano norteamericano sobre dichas protestas. Básicamente argüía que en vez de alterar la paz pública, los manifestantes deberían trabajar duro y dejar de imaginar conspiraciones. Expresaba que los resultados vienen después de grandes esfuerzos. Que no había ladrones escondidos, sino coyunturas normales en el modelo de mercado. En suma, una enfermedad sin culpables.

Esta postura refleja la verdadera diferencia del movimiento occupy con respecto a otras acciones similares. A diferencia de la mayoría de la población que se ensañan con el gobernante de turno sin perder la fe en el sistema, Occupy Wall Street proclama la total desconfianza del mismo. Aunque sus dardos son dirigidos a los altos ejecutivos de la bolsa de valores, sus quejas y preocupaciones van más allá, cuestionando la validez de una estructura que recompensa los artificios creados para que unos pocos ganen millones, a riesgo que millones pierdan todo. Occupy no pide un cambio de jugadores, pide un cambio en las reglas del juego.

Similar constante psicosocial podemos encontrar en los indignados de España, o en los cacerolazos de Buenos Aires. Recurrir al discurso de la dignidad solo se ocupa cuando todo otro recurso ha sido perdido, y se siente que sólo la dignidad intacta es un arma que no se les puede arrebatar. ¿Qué es pues vivir dignamente? Para ellos está en reclamar aquello que fue robado, que sienten que fueron engañados y que sólo tienen sus voces para recuperar aquello que el sistema les privó. Podemos afirmar que estamos ante una nueva forma de protesta ajena a un lineamiento político partidario. Los indignados y Occupy son la respuesta espontanea de ciudadanos que se dan cuenta de sus derechos económicos. Es, en última instancia, un efecto articulado de la crisis del sistema. Si las manifestaciones de los sesenta en Norteamérica hicieron efectivos los derechos que estaban declarados en papel, los indignados de España y Wall Street buscan hacer efectivos los derechos económicos que son vislumbrados como propios y que el sistema les prometió: el sueño americano.

Ocupar Wall Street es comunicar que el enriquecimiento de las altas jerarquías del poder económico en desmedro del grueso de la población es inaceptable. Parecería un discurso panfletista contra el mundo capitalista. Sin embargo no se puede obviar lo real aunque se corra el riesgo de parecer reaccionario o irracional.

La calle, ya sea en Estados Unidos, o en Argentina, o en Bolivia, o en Egipto, más que pedir nuevos líderes están buscando nuevas formas de administrar la cosa pública, sin que necesariamente esto signifique que los movimientos propongas alternativas viables que reemplacen a lo actual. La calle en ese sentido pierde lucidez y el miedo a la anarquía es justificado.

Post redactado para demanifestacion.com por Oscar Cabrera

Oscar Cabrera es psicólogo en la Defensoría de la Niñez y Adolescencia en el Gobierno Municipal Autónomo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Escribe regularmente en su blog divandetacuara.blogspot.com

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